Si tenés TDAH, capaz te pasa esto: estás leyendo, en una charla o tratando de dormir, y la cabeza se va sola. Un pensamiento salta a otro, después a otro, a veces varios a la vez, y no hay botón de apagado. Mucha gente con TDAH lo describe así: "mi cabeza no para nunca".
Eso tiene nombre en la investigación: divagación mental (en inglés, mind wandering). Todo el mundo divaga: se estima que la gente en general pasa entre un 24% y un 50% del tiempo despierta con la cabeza en otra cosa. La pregunta es si en el TDAH pasa demasiado y si eso te complica la vida.
En 2019, un equipo del King's College London (Reino Unido) publicó en el Journal of Attention Disorders un estudio para medirlo con una escala nueva.
Qué es la divagación mental
Es cuando la atención y los pensamientos se corren de lo que estás haciendo hacia cosas internas que no tienen que ver con la tarea. Hay dos tipos:
- Deliberada: la elegís vos, como planear el menú de un asado mientras manejás.
- Espontánea: la cabeza se va sola, por ejemplo en medio de una clase o de una conversación.
Estudios anteriores ya habían visto que en el TDAH aumenta sobre todo la espontánea, la que no elegís.
Qué hicieron
Armaron la MEWS (Mind Excessively Wandering Scale), un cuestionario de 15 preguntas basado en cómo los propios pacientes con TDAH describen su cabeza: pensamientos que no paran, que saltan de un tema a otro y varias líneas de pensamiento al mismo tiempo. Cada pregunta va de 0 ("nunca o casi nunca") a 3 ("casi siempre o todo el tiempo"), así que el puntaje máximo es 45. Ojo: mide la forma en que fluyen los pensamientos, no de qué tratan.
La probaron en dos grupos de adultos de 18 a 65 años, con TDAH diagnosticado en una clínica especializada de Londres y un grupo de comparación sin TDAH:
- Estudio 1: solo varones, sin otros diagnósticos psiquiátricos y sin medicación al momento de la evaluación. Completaron la escala 25 personas con TDAH y 24 sin TDAH.
- Estudio 2: varones y mujeres, con menos filtro por otros diagnósticos. Completaron la escala 79 personas con TDAH y 29 sin TDAH.
Además completaron cuestionarios de síntomas de TDAH, de cambios de ánimo y de cuánto les afectan los síntomas en la vida diaria (familia, trabajo, estudio, vida social, autoestima, manejo de lo cotidiano y conductas de riesgo).
Qué encontraron
- La diferencia es enorme: en el Estudio 1, el grupo con TDAH sacó en promedio 25 puntos contra 4,8 del grupo sin TDAH. En el Estudio 2, 27,7 contra 7,2. En los dos casos, p < 0,0001.
- Distingue bastante bien: con un corte de 15 puntos, la escala acertó alrededor de 9 de cada 10 veces tanto para detectar a quienes tenían TDAH como para descartar a quienes no (sensibilidad y especificidad de 0,88 en el Estudio 1 y de 0,90 en el Estudio 2), parecido a los cuestionarios de síntomas que ya se usan.
- Va de la mano con los otros síntomas: cuanta más divagación, más desatención (r = 0,81 y 0,77 según el estudio), más cambios de ánimo (r = 0,81 y 0,74) y, sobre todo, más complicaciones en la vida diaria (r = 0,82 y 0,81).
- Pesa por sí sola: aun teniendo en cuenta la desatención y la hiperactividad, la divagación sumó para explicar cuánto les afectaba la vida diaria. En el Estudio 2 fue lo que más pesó de todo. Pegó especialmente en la autoestima y en los problemas sociales (en los dos estudios), y en el Estudio 2 también en el manejo de lo cotidiano y en las conductas de riesgo.
- Cambia con el tiempo junto con el TDAH: cuando bajaban o subían los síntomas, la divagación tendía a moverse en la misma dirección. En 16 personas que empezaron metilfenidato, el puntaje bajó de 23,4 a 17,3 en promedio, pero los propios autores aclaran que eso no prueba que el remedio funcione para esto (ver limitaciones).
Los autores concluyen que la divagación mental excesiva es una característica frecuente del TDAH en adultos y que ayuda a entender por qué el TDAH complica tanto la vida, más allá de la lista oficial de síntomas.
Limitaciones (en serio)
- Muestras chicas: el Estudio 1 tuvo 49 personas con datos de la escala y el Estudio 2, 108. Y los grupos sin TDAH fueron bastante más chicos que los con TDAH.
- Todo es autorreporte: la divagación, los síntomas y el impacto en la vida diaria se midieron con cuestionarios que completa la propia persona, no con observación ni con pruebas de laboratorio.
- No se sabe si es exclusivo del TDAH: la ansiedad y la depresión también hacen que la cabeza no pare (rumiar, preocuparse). Por eso los autores no recomiendan usar la escala sola para diagnosticar hasta probarla en otros trastornos. En el Estudio 2 había personas con ansiedad o depresión; en el Estudio 1 no, y los resultados fueron parecidos, lo que tranquiliza un poco.
- Lo del metilfenidato es preliminar: fueron 16 personas, sin sorteo ni placebo. No sirve para decir que la medicación reduce la divagación.
- Correlación no es causa: que la divagación y las complicaciones vayan juntas no demuestra que una provoque la otra.
- Recomiendan usar una versión de 12 preguntas en el futuro, porque 3 preguntas (sobre dormir, distraerse con música y usar alcohol u otras drogas para frenar la cabeza) funcionaron peor.
- Hubo financiamiento parcial de la industria (el Estudio 2 lo financió el laboratorio Vifor Pharma) y el autor principal declaró haber trabajado como consultor de varios laboratorios. Eso no invalida el estudio, pero es justo saberlo.
- No es consejo médico ni sirve para autodiagnosticarse.
Qué significa para nosotros
Si sentís que tu cabeza es una radio con diez estaciones a la vez, no estás solo y no es falta de voluntad: hay evidencia de que es algo muy común en adultos con TDAH, aunque no figure como síntoma oficial. Y según este estudio, no es un detalle: tiene que ver con cómo te sentís con vos mismo y con cómo te va con los demás.
Vale la pena contárselo a quien te trate. Describir cómo funciona tu cabeza ("no para", "salta de tema", "pienso tres cosas a la vez") le da información útil a tu profesional, además de los síntomas que se ven de afuera.
Los autores mencionan también que darte cuenta de que te fuiste (lo que se llama metaconciencia) podría ayudar, y por eso se está estudiando el mindfulness. En el club lo vemos en cada sesión: no se trata de que la cabeza no se vaya nunca, sino de notar que se fue y volver. Para eso sirve tener a otros trabajando al lado.
Sic Parvis Magna